Un paraíso en el lugar menos imaginado: Punta del Diablo

playa punta del diablo

Punta del Diablo, es una localidad uruguaya, ubicada en el departamento de Rocha, cercana a la frontera con Brasil. Es tranquila durante el día, entre relajada y agitada por las noches; resulta rara esta definición, pero si en alguna oportunidad pueden viajar a este sitio, se van a dar cuenta de que estoy hablando. Las personas que eligen Punta del Diablo pasar sus vacaciones de verano, generalmente, son jóvenes que no buscan precisamente el glamour o el lujo que pueden brindarle otros destinos turísticos de este mismo país. Justamente, Punta del Diablo, se caracteriza,  por ser un lugar, en el cual es muy común ver personas vestidas con ropa de playa y ojotas o simplemente descalzas, disfrutando de la libertad del mar, sin ningún tipo de complejo ni prejuicio.

A la noche, grupos de músicos callejeros tocan sus instrumentos, rodeados de grupos de amigos  y lo hacen en plena calle, ya que al no estar asfaltadas es difícil dilucidar cuál es su vereda, lo que particularmente me pareció encantador. Todos disfrutan del relax de una noche junto al mar, que también se encarga de deleitar con su música de fondo, cuando las olas chocan contra las rocas. Es importante destacar, que dicho mar lejos está de ser manso, por lo que los surfers pueden estar agradecidos con el mismo. Igualmente, es apto para bañarse, y su temperatura es cálida, motivo por el cual cuando visité Punta del Diablo disfruté plenamente de bañarme en sus aguas.

Algo que me encantó de este lugar es la gente que lo visita, sumamente relajada, en general. Recuerdo que nos vendían caipiriñas un grupo de jóvenes que recorrían la playa y fácilmente surgían conversaciones muy interesantes; de música, libros, costumbres propias de cada país, lugares que habíamos recorrido, otros a los cuales nos gustaría ir, entre tantos otros temas que se desplegaban en muchas charlas distendidas. Todos confluimos en ese lugar y en ese momento; más allá del origen de cada uno y el motivo que nos llevó allí, nos conocimos y logramos compartir nuestras experiencias, había algo en común entre todos nosotros: buscábamos tranquilidad y disfrute, logramos ambas cosas.

Las casas en Punta del Diablo son coloridas, como generalmente los son los ranchos de los pueblos costeros, inclusive en la que nosotras parábamos parecía un quincho, su techo era de paja. Todo esto lo hacía aún más pintoresco, quedamos enamoradas de ese lugar y nos llevamos muy buenos recuerdos, ya que a la vez, nos hicimos amigas de nuestros vecinos momentáneos, un grupo de chicos uruguayos que paraban en la casa que se encontraba al lado de la nuestra, con quienes compartimos muy buenos momentos de charlas, mates, pizzas a la parilla.

No es necesario hacer grandes caminatas para llegar a cualquier destino del pueblo, todo queda cerca, y a medida que vas recorriendo te encontrás con bares que te  ofrecen platos típicos de mar como mariscos o pescados fritos, los cuales son riquísimos. Además, generalmente hay música ambiental como reggae que resulta muy agradable para acompañar el momento.

Nuestro país hermano, Uruguay, nos ofrece múltiples alternativas turísticas, yo recomiendo Punta del Diablo para ir con amigos a disfrutar de la combinación exquisita de tranquilidad y turbulencia que ofrece este bello pueblo costero.

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