Un hotel en la ciudad más antigua del mundo

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Matera es una de las ciudades más antiguas del mundo y su territorio contiene la evidencia de asentamientos humanos desde los tiempos paleolíticos.

Los barrios Sassi, Patrimonio de la humanidad, son el núcleo urbano original de la ciudad y, basado en cuevas naturales, se han extendido a lo largo de los milenos para convertirse en estructuras aún más complejas. Una intrincada red de calles, callejones, patios interiores y barrios observados desde lo alto por las viviendas de todos los tamaños, antiguas murallas de defensa, torres, almacenes, bodegas y cisternas.

Un sistema excavado y construido de nunca acabar. En el corazón del barrio Sassi, una estructura abandonada en desuso que data del XVII . C y que rodea un patio interior ha sido restaurada y reinventada para ser convertida en nuevos espacios de un hotel. Contaminaciones arquitectónicas inútiles y capas de pavimento se han eliminado, dejando al descubierto el trabajo de piedra toba original, rematado con bóvedas: la estructura histórica se ha puesto al descubierto, como una evidencia arquitectónica para confrontar y dialogar con. En esta búsqueda de la esencia, lo auténtico, espacio puro libre de exceso, podemos reconocer el espíritu Wabi concebido por el belga Axel Vervoordt.

Los lugares históricos, llenos de una atractiva identidad, combinan con armonía y precisión la comodidad y el diseño refinado y elegante.

Convertido en elegantes habitaciones de hotel, las antiguas viviendas de la planta baja dan a un patio interior que, gracias a largos y precisos trabajos de restauración, se caracteriza por un pavimento de piedra original llamada “a chiancarelle”.

Iluminado con luz de las velas en la noche, el patio se vuelve muy acogedor e íntimo, dando una sensación de protección.

Desde la entrada en Via B. Buozzi, los visitantes son recibidos como en una casa privada en una recepción elegante y acogedora, amoblada con elegancia, a través del cual se puede acceder al patio privado. Las habitaciones situadas alrededor del patio son rigurosamente monocromáticas, caracterizadas por tonos marrones castaños, desde el beige de la piedra al marrón de la madera y el acero a la intemperie. El pavimento de piedra del piso y el color natural de la piedra se convierten en muro, techos y asientos.

La constante búsqueda de una conexión entre las distintas salas interiores y el paisaje es la base misma de esta combinación de piedra local, madera y hierro en cada habitación con diferentes proporciones de acuerdo a un diseño lineal y esencial.

Las cortinas de lino de las puertas de entrada, hábilmente hechas a mano, permiten ingresar una luz brillante hasta la primera área de cada pieza dedicada a sala de estar/living y relajo, mientras que las siguientes áreas privadas excavadas de la roca, se dejan iluminar por tragaluces en las bóvedas. Estas pequeñas ventanas, desde arriba, permiten que los rayos de luz se alternen con grandes zonas íntimas y oscuras.

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