A CARGAR BUENA MÚSICA EN LA MOCHILA
-Por Cecilia Hauff-
Cuando uno viaja y tiene la posibilidad de ir escuchando música, parece que las orejas se abren más porque uno escucha más fina y profundamente lo que dicen las palabras cantadas, y también se perciben mejor las melodías. A veces, justo se oye una letra con la que nos sentimos identificados y eso puede hacer que nos emocionemos, y adoptamos un himno eventual para el camino. Por qué pasa esto. Creo que es porque estamos con los sentidos más alertas para percibir y para absorber señales, porque podría decirse, tal vez, que en un viaje uno se transporta con el mundo a flor de piel.
A veces también pasa que la música de los vehículos particulares y públicos de los lugares que visitamos, lo que se oye en las calles, en las playas, en los comercios, en los campings, en las casas, en los comedores, nos aturde, nos atormenta como si nos invadieran con bombas auditivas, principalmente si no nos gusta la música en cuestión. Pero, a pesar de haber vivido eso, al final del viaje terminé trayéndome algo de esa música que llegué a detestar para escucharla cuando extrañara ese recorrido y ...