Cómo empieza un viaje ‘echando dedo’
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AVENTURAS DE UN COLOMBIANO QUE SALIÓ A LA RUTA
-Por Cecilia Hauff-
David es un viajero colombiano que debutó como mochilero a dedo a los 25 años. No son pocos los colombianos que andan viajando por ahí, a pesar de la situación política que vive su país y lo que nos muestran los medios de comunicación. Al menos en Argentina, siempre tenemos noticias de los aventureros que llegan desde estas tierras lejanas, incluso estudiantes universitarios que vienen de intercambio.
Antes de partir hacia un viaje que duró 4 meses por Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia, David me escribió un mail lleno de dudas previas a lanzarse en su primera experiencia, pues había leído en Internet sobre mi viaje a dedo con Juan, realizado unos meses antes. Por supuesto que lo animamos a emprender su aventura, aunque el mérito es suyo y de nadie más. Así nos contactamos. Hoy, desde su casa en Bogotá, David me escribe para contarme un poco acerca de su viaje, que fue todo un éxito.
“Echar dedo decimos en Colombia, jalar dedo dicen en Ecuador, tirar dedo dicen en Perú“, me aclara David. “Hacer dedo” o “hacer autoestop”, decimos en Argentina, les cuento yo.
David quería viajar por Sudamérica echando dedo, pero nunca lo había hecho, así que un día decidió hacer una pequeña prueba a la que llamó “el entrenamiento”. Después de una noche en la que no podía dormir haciéndose preguntas cómo: ¿me llevarán?, ¿cuánto tardaré?, ¿hasta dónde llegaré?, ¿lo lograré?, ¿qué estoy haciendo?, pulió el pulgar y salió a la ruta para recorrer una distancia de 260 km. entre Bogotá y Armenia, otra ciudad colombiana.
Su primera vez “fue tan espectacular” que sólo tuvo que esperar 20 minutos en “la carretera”. Cuenta que el primer camión grande que pasó, frenó, y lo curioso es que en Colombia lo llaman “la tractomula”. Ahí lo vemos a David, con una sonrisa enorme, sobre su primera tractomula, que parece un monstruo mitológico. Lo que pasó después, es mejor saberlo desde sus propias palabras:
“Increíble -dice David-, todo fue tan fácil y, además, el camión iba para el puerto de Buenaventura ubicado en el Océano Pacífico, a 500kms de Bogotá. Así que no tuve que pensar en un segundo aventón para llegar a Armenia.”
“El viaje estuvo estupendo, el camionero me invitó fresas, bananos, naranjas, piñas… A la hora del almuerzo, yo pagué por los dos sin que el camionero se diera cuenta; luego él fue a pagar los almuerzos y los del restaurante le dijeron que yo ya los había pagado. Él se sorprendió y me dijo que ¡cómo le iba a pagar el almuerzo! Intentó darme el dinero pero no lo acepté. Yo le dije que gracias a él por llevarme.”
“Intercambiamos números de celular/móvil pues él me dijo que podría regresarme de nuevo a Bogotá. Pero no pensé en llamarlo porque como era un “entrenamiento” quería volver a la ruta a seguir echando dedo. Además pensé que cuando estuviera viajando por Suramérica, si llamaba a este camionero, él no podría ayudarme desde tan lejos.”
“Luego de casi 12 horas en la tractomula llegué a Armenia; el camionero siguió su camino. Después de dos días en Armenia, sonó mi celular, ¡era el camionero!, llamado Arcadio, diciéndome que al siguiente día partiría a las 3 de la mañana hacia Bogotá. Me dijo: ¿viaja o no? Yo le respondí que por supuesto, que allí estaría al día siguiente, y así fue. En el mismo camión que llegué a Armenia también llegué a Bogotá.”
La primera experiencia de nuestro colombiano fue todo un éxito, además se ganó un amigo, el conductor de la tractomula que parece un personaje salido de un mundo fantástico. Todavía, dice, lo llama por teléfono cada tanto para preguntarle cómo anda él, su camión y su familia. Esta primera aventura inolvidable, sería la que impulsará a David a emprender un viaje más largo, aquél que había soñado por Sudamérica.


























Diciembre 16th, 2009 at 10:40 pm
Hola, escribo porque tengo hace mucho una gran motivacion interna de aventurarme por el mundo. Soy medico recien titulada y he estado trabajando durante todo este año en lo que estudie, soy chilena, sin embargo el sistema me come poquito a poco y si bien al rincipio andaba bien ahora vuelven mis deseos. Soy soltera, nada que me ate, simplemente tengo ganas de ampliar mis horizontes en un viaje sin rumbo fijo… pero no se como hacerlo, simplemente lo siento.
A ver si alguien pesca el mensaje y me pega una ayudadita… un abrazo
Enero 22nd, 2010 at 7:17 pm
si daniela se anima a subirse a una bici,la acompaño a donde sea.el mundo me llama a mi tambien.y al que se prenda.mi mail es st-800@hotmail.com.soy de argentina,san juan