Costumbres argentinas I

Sobre: Argentina, Cómo nos ven los viajeros, Pensando al mundo, Recomendaciones

UN VIAJE HACIA NOSOTROS MISMOS

-Por Cecilia Hauff-

Aline Betschart y Philippe Acar, escritores de la página de crónicas de viajes alternativos Baron & Baron, nos dan su punto de vista bastante crítico sobre los argentinos. Me entretiene descubrir estas miradas que quiero compartirlas con ustedes, se aprende mucho sobre nosotros mismos y sobre cómo nos ven los otros, y permite reflexionar acerca de cómo vemos nosotros a los demás. Según la guía que tienen entre sus manos, “un argentino es un italiano que habla español y que se comporta como un francés”. Como franceses que son, Aline y Philippe no pueden hacer otro comentario más que el siguiente: no llegamos a entender el final de la frase. Y claro, si siempre escucho a franceses de la generación de mis padres y hacia atrás, decir que los latinoamericanos vivimos como “des sauvages” (salvajes), o por qué creen que Sarmiento volvió de ese país y escribió desesperadamente ‘Civilización y barbarie’.

Las nuevas generaciones de franceses con los que tuve contacto por acá, no hacen este tipo de comentarios tan abiertamente, y muchas veces disfrutan mimetizándose un poco con nuestro salvajismo. Pero a esta pareja no le ha gustado que nos comparen a los argentinos con los franceses, ¿ofendidos, tal vez? Tal vez. Igual, lo que quiero destacar en este caso es cómo se alimenta lingüísticamente un nacionalismo que niega ‘al otro’, casi sin fundamentos, todo parece que se queda en palabras heredadas y repetidas hasta el hartazgo, en clichés, en frases que son como bolsas generalizadoras que por adentro están más vacías que llenas.

Nos es una queja, sólo me gustaría provocar una autorreflexión, que pensemos un poco en las expresiones que usamos los argentinos frente a los paraguayos, los chilenos, los bolivianos, los brasileros, etc., y luego pensemos, si tuvimos la oportunidad de conocer a alguna persona de estas nacionalidades, qué tipo de experiencia hemos tenido en realidad. No sé si yo he sido una privilegiada, pero viajando conocí paraguayos y chilenos que vaciaron esas bolsas que adquirimos como combos culturales e ideológicos. En todo caso somos todos humanos, y en el listado, siempre nos entenderemos mejor con unos que con otros. Sin embargo, hay rasgos comunes entre los argentinos, como los hay entre los franceses; caracteres innegables, remarcables, apetecibles, rechazables, comerciables, y todo lo que quieran decir al respecto. La diferencia está en cómo reacciona cada uno ante estos rasgos identificadores de una identidad fugitiva. A ver cómo nos perciben Aline y Philippe, en qué bolsa nos meten.

A los cinco minutos de una conversación, dicen, un argentino siempre se las arregla para explicar de qué país europeo vienen sus ancestros. A pesar de eso, los argentinos son accesibles y acogedores, expresan con ironía. Es verdad, esto es típico nuestro, me incluyo, pero es parte de nuestra historia. En el mejor de los casos, es una manera de aceptar la multiculturalidad de nuestra tierra; en el peor de los casos, se usan esos argumentos para desligarse uno mismo de ascendencias menos prestigiosas. Yo tengo sangre de muy diversos orígenes, y ninguno de esos orígenes es más prestigioso que otro, el prestigio está en ser portadora de esa mezcla, y el orgullo personal, en ser latinoamericana, de algún bando tenía que hacerme, me quedo con lo próximo.

Además, una de las cosas que más me llamaron la atención cuando conocí Francia durante mi infancia, y que me marcó muchísimo, ya que siempre fue un tema que formó parte de mis reflexiones, fue la xenofobia francesa en las conversaciones cotidianas, marcadas en el lenguaje. Por un lado estaban los árabes, por otro los gitanos, los africanos, los belgas, los portugueses, los rumanos, y así; tal vez por respeto, los latinoamericanos sólo éramos llamados ‘les sauvages’. No importaba tanto la nacionalidad en esos casos, eran bolsas más grandes. De la misma manera, como cuentan estos viajeros que los argentinos enseguida sacamos las historias de nuestros abuelos de la manga, los franceses (y en eso puede que nos parezcamos) buscaban en árboles genealógicos tamaño sábana su contacto con alguna pizca de sangre de la realeza, o de alguna persona célebre de la historia de la nación, que los hiciera un poco más interesantes; lo que me da a pensar que sí, las revoluciones son sólo sacudones momentáneos, las bases quedan profundamente enraizadas. Como acá no tuvimos reyes, seguimos viviendo en tribus salvajes encabezadas por salvajes.

Y llegan esas costumbres con nuestros abuelos hasta nosotros, y encima no toleran nuestras historias, já. Pero no me quejo, son cosas que me han llamado mucho la atención; por ejemplo, en el Arco de Triunfo en París, en su interior, hay una lista de nombres de generales y no sé qué más relacionados con Napoleón (no me gustan las historias de guerras, de ahí mi ignorancia), arriba de todo, casi sin poder distinguir la frase, estaba el nombre de un soldado que mi acompañante me señalaba para contarme que había sido un ancestro suyo. Interesante, sí, es cierto, me impresionó. Pero me hizo reír cuando alguien más me mostró su árbol genealógico larguísimo en el tiempo, para vincularse con una prostituta amante de no sé qué rey de aquellos superfamosos; parece gracioso, ¡pero ay si me reía en ese momento!, él lo estaba diciendo con mucho orgullo. Tal vez no lo comprendí por ciertas distancias culturales. Acá todo es tan nuevo, tan reciente, que cada uno se hace camino al andar, no podemos buscar padrinazgos en la historia. Kay Pacha (aquí y ahora), sobreviviendo, como La Cigarra.

De este lado del mundo, recién en mi generación, veo que empieza a reforzarse el interés por los árboles genealógicos, más que nada por el tema de lograr las dobles ciudadanías. Pero muchas veces es muy difícil reconstruirlos porque hay muchas historias dolorosas que han querido olvidarse o borrarse de por medio. Es que parece que muchos llegaron a esta bendita tierra y quisieron despojarse de tanta dolorosa civilización y empezaron a barbarizarse un poco, ¡viva América! -tierra de salvajes y de renacimientos (de esperanzas y sufrimientos)-. Que viva, ya que sobrevivió a tanto.

A mi me atraen mucho las historias de inmigrantes de todo el mundo, por las causas que hacen al nomadismo eventual o permanente de grupos humanos, y luego, las dificultades y riquezas que producen los choques culturales. A mí sí me gusta reconocer la diversidad cultural de mi sangre, entre amerindia y ‘europindia’; qué bien harían ellos en reconocer su riqueza proveniente de los árabes y africanos y asiáticos y, con estos siglos, también de América. Es que cuando hacen el árbol genealógico, muchas veces eligen transitar la rama que se adapta mejor a sus valores socioculturales, lo que no les sirve, lo podan.

Bandos contrarios llegaron a estas landas, pero la mayoría olvidó las enemistades que tenían cruzando el charco, el mate habrá ayudado a hermanar a la gente, aunque acá su naturaleza separatista los enemistó con otros, con los nativos, y se dieron cuenta que eran más parecidos entre ellos de lo que creían, gracias a un choque cultural con pueblos más distantes; pero ese es un tema más complejo; quiero volver a Aline y Philippe, que dicen que este tema de conversación siempre emergente, es lo que nos hace snobs ante la mirada de los otros países latinos. Puede ser que tengan razón, pero falta comprensión.

Cuentan que muchas veces fueron invitados a compartir ‘mate’, la bebida ritual que se ve de norte a sur del país. También cenaron muchas veces en casas de argentinos, pero viajar en tren es imposible, dicen, y no se puede salir de un pequeño comercio sin haber discutido largamente con el comerciante sobre el fútbol, la política, la crisis... Los argentinos son charlatanes y muy curiosos, comentan, incluso al norte del país donde la población es más indígena y suele mantenerse más distante. Una advertencia a los solteros, dicen, las argentinas son en su mayoría muy bellas y muy chics, a pesar de una pequeña tendencia a la anorexia.

Y nuestros críticos de mirada cítrica continúan con sus comentarios, pero esta historia continuará en un próximo artículo, el deber llama. Hasta la próxima.

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7 réplicas a “Costumbres argentinas I”

  1. Alan Dice:

    Hace unos días buscando info sobre uno de mis directores de cine favoritos (el germano Werner Herzog), quería saber que opinaba sobre otro de mis cineastas preferidos (Andrei Tarkovsky) y leí algo como que dijo que le gustaba pero “lástima que sea tan bien visto por los intelectuales franceses”… jeje

    deja de leer a tantos franchutes, te va a hacer mal a la salud :-P

  2. pato Dice:

    http://news.bbc.co.uk/2/hi/europe/8143780.stm

    nada más que agregar…

  3. orieta Dice:

    A ver, se les ve a los argentinos como unos indios, que no se aceptan, que se desprecian tanto a tal punto de alucinar que son europeos, y que cuando les escuchas hablan tan mal y, eso en intento de imitar el acento italiano, haciendo el ridículo. Que ni siquiera vienen de los indios categóricamente superior a los de Perú como de México (Estos vienen de una gran civilización, socialización y organización ), que cuando llegas a Argentina puedes ver a un pequeño porcentaje de blancos con respecto a la población del país, que los europeos se burlan y les escupen la cara de ver tal bajeza y que cuando esto les sucede, quieren morir de verguenza pero a ellos no les pasó eso, si no al resto de latinos, porque según ellos son bien queridos en europa por su parecido, que no se parecen pero ni como llevan el idioma. Que son agrandado pero en ridiculez.

  4. Cecilia Hauff Dice:

    Orieta
    me asusta tu existencia,
    nunca había visto tanto racismo en un discurso.
    ahora entiendo mejor por qué el mundo está como está.
    no tengo palabras, sólo espanto.

  5. gabriel alvarado garcia Dice:

    hola a todos, me parece muy buena su pag, pues no hay nada mas hermoso dque la sensacion de viajar a un lugar a otro, yo tambien ahora estoy viajando por sudamerica ahora estoy en argentina y voy rumbo a peru, de regreso a casa, esta es una experiencia inimaginable nunca pense lograrla al menos hasta donde eh llegado ahora aun falta retornar, a dedo, tal como llegue.
    les escribo por que espero poder algun dia encontrarnos seguro cuando pasen por peru pueden ir a hospedarse a mi casa, saludos a todos mis hermanos y hermanas viajantes empedernidos, ansiosos de conocer que hay mas alla de sus narices.

  6. Juan Manuel Pereyra Dice:

    Jaaa No puedo creer lo que leo de parte de ese tal Orieta! Yo soy del interior de Argentina, de una region poblada por varias comunidades de pueblos originarios, y te informo que la mayoria estamos orgullosos de como ultimamente estan reivindicandose mucho mas sus costumbres, su cultura, su idioma y sus creencias…. no solo por parte de las mismas comunidades, si no tambien por parte de la mayoria de la sociedad, que de a poco (y despues de siglos) pareciera abandonar esa aberración mental y espiritual conocida como racismo…

    No se de donde sacaste los argumentos para tus comentarios, o peor, con que libros te educaste, (si es que se puede llamar educacion al hecho de discriminar) la verdad que dejas mucho que desear, pues con personas que piensan como vos se llevaron a cabo las atrocidades más grandes de la historia de la Humanidad, independentemente de la epoca que consideremos.

    Ojala que luego de informarte bien y estudiar y conocer sobre la cuestion que comentaste, llegues a reflexionar y veas lo equivoco de tus comentarios.-

  7. ariel pickman Dice:

    orieta orieta,deberia torcerse tu jeta
    por tanta fascisnación que despertamos
    los argentos en tu capochetta.
    tanto pus ideológico de los amos
    del fascismo no sirvió para ahogar
    la voz agónica de tu discriminar…
    vamos!vamos! a revisar la Historia,
    orieta,orieta con minúscula,
    de tan chiquita sos pústula,
    de tan estrecha nomás…

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