Con una francesa en los carnavales correntinos
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-Por Cecilia Hauff-

Ella es enfermera y ha viajado bastante por África y el norte de Argentina, además de Europa. Le gustan los viajes mochileros, las caminatas por la montaña, los desiertos, las culturas diferentes a la suya, y el contacto humano y auténtico con la gente del país que visita. Tiene alrededor de 50 años y habla muy poco el español, pero lo entiende bastante porque sus primos también intentan comprender su francés y se podría decir que, entre ellos, hay una interlengua o un “francuñol“, si se puede llamar de esa manera.
En el corsódromo se la ve sacar fotos sin parar, se adapta rápidamente a la euforia general de las tribunas y, cada vez que una bailarina la deslumbra le pega un grito haciendo gestos efusivos para que la mire, y las pasistas posan para su cámara como si fueran vedettes de teatro de revista que saldrán en alguna portada. Pascale disfruta de este juego y saca cientos de fotos personalizadas mientras baila y espera atenta la aparición de cada nueva comparsa.
También observa al público de las tribunas, las familias enteras que bailan, la guerra de espuma de la que no puede escapar, y cuando las personas que están a su lado descubren que es extranjera, enseguida intentan comunicarse con ella para saber qué le parece el espectáculo. Le llaman la atención unas tres parejas de cincuentones con pinta de hippies viejos que han venido con pelucas, y cómo unos chicos de la tribuna con tendencias sexuales dudosas gritan y se arrancan los pelos cada vez que pasa un bailarín de músculos admirables. Lo mismo hacen otros jóvenes excitados que apuntan las cámaras de sus teléfono hacia las colas de las bailarinas, y cuando logran una buena toma, lo festejan como si fuera un golazo. Los padres bailan con sus hijos y parejas, admiran los cuerpos esbeltos y algunos, maliciosamente, se ríen de los menos agraciados, dejando ver que el carnaval se convirtió en un desfile de belleza exigente, alejándose de la popularidad y libertinaje que caracteriza a todo carnaval, que para eso fueron creados. Muchos no pueden explicarse de dónde salen tantas mujeres hermosas. Hay para todos los gustos y tendencias, sin dudas, el carnaval brinda un espacio de tolerancia que quizás en otros ambientes no se ve. Pero lo que Pascale no puede creer es cómo esos niños desde 1 año en adelante que desfilan en las comparsas acompañados por sus padres y disfrazados lujosamente, siguen despiertos a las 4 de la mañana y bailan siendo el centro de atención de todas las tribunas. “Eso nunca lo verías en Francia”, exclama.
Es la primera vez que visita el carnaval correntino y, sin embargo, dice que ya no necesitará ir al carnaval de Río. Se la ve deslumbrada. Mucho lujo, “muy Folie Berget, muy parisino”, dirá luego su primo franco-chaqueño que admite preferir los carnavales locales porque son más “chics”, más finos, que los brasileros. No conozco esos famosos carnavales de Brasil pero este comentario me invita a querer hacerlo para descubrir estos sutiles contrastes que se comentan, aunque sean muy subjetivos. Sin embargo, es bueno escuchar un comentario que reconozca el trabajo de las madres, novias, hermanas y abuelas correntinas que bordan durante meses lentejuela por lentejuela, pluma por pluma, estrás por estrás, y quién sabe cuántas cositas más para que el brillo y los colores levanten con la danza a los espíritus menos agraciados.
Conocí a una chica que le había bordado los trajes al hermano, con ayuda de la madre y las primas; todas las mujeres de la familia se habían puesto manos a la obra para vestir al representante del clan que participaba en la scola du samba tocando uno de tantos instrumentos de percusión. Esta manera de implicarse es lo que le da pasión a los carnavales, y lo que genera ese espíritu competitivo entre comparsas que, muchas veces, están identificadas con los barrios a los que pertenecen. Otra chica había dedicado meses a bordar con lentejuelas las botas de las bailarinas de una comparsa, aunque parecía un buen negocio al principio, por lo que iba a cobrar por bota, el estado lamentable en que terminaron después sus manos y las de sus hermanas que debieron socorrerla, no sé si valía el monto.
Se puede decir que la gente deja la sangre en estos carnavales. Y luego el público el sudor, los ecos de los gritos y la alegría necesaria para sacudir las penas de todo un año. Pascale lo corroboró y seguirá dando envidia a sus compañeros de trabajo que, ojalá, se animen a venir al próximo carnaval de Corrientes, porque aunque no tengan primos argentinos, seguramente se sentirán recibidos como tales por la hospitalidad de su gente.
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Recomendado: Sitio Oficial de los Carnavales Correntinos




















Enero 18th, 2010 at 4:40 pm
Hermosas imágenes y comentarios! te invito a los carnavales de Paos de los Libres, en el interior de Corrientes sin tanto lujo como en la Capital peor con todo el samba y el enredo al estilo de Rio Brasil un abrazo éxitos!!!